domingo, julio 14, 2024

DEBATES Y TEORÍA

Un manifiesto que desorienta. A propósito del “Manifiesto Ecológico Político” de Bruno Latour y Nikolaj Schultz

Escribe: Nicolás Núñez, referente de Ambiente en Lucha (Izquierda Socialista + Independientes)

Editado por Siglo XXI, y con amplia difusión por diversos medios en las últimas semanas, se publicó en nuestro país el “Manifiesto Ecológico Político” redactado por el recientemente fallecido filósofo y antropólogo, Bruno Latour, y uno de sus discípulos y continuadores de su obra, Nikolaj Schultz. El texto fue elaborado originalmente a comienzos de 2022, y según sus propios autores tenía como destinatarios privilegiados a “miembros de los partidos ecológicos y sus electores presentes y futuros”.

La obra de Latour -y en particular los últimos 15 años que destinó al abordaje de lo que definió como “Nuevo Régimen Climático”– resulta enormemente prolífera y nos excede realizar un comentario sobre esa totalidad. Pero sí plantearemos una crítica a un documento que en la tradición de los Manifiestos debiera tener como fin aportar precisión en coordenadas para la lucha política, y creemos que lamentablemente, y por el contrario, al menos en su lectura desde nuestras experiencias puede aportar más bien a la desorientación del movimiento socioambiental.

El lema del manifiesto es “¿cómo construir una clase ecológica consciente y orgullosa de sí misma?”. Siendo que no va a tratarse únicamente de un problema de orgullo, sino que los autores se proponen construir un sujeto social que reordene el terreno político general en torno a sus demandas. Lo cual, en su ambición, probablemente resulte atractivo para activistas organizades en torno a la importancia de la lucha socioambiental. Iremos por partes para entender a qué apuntan Latour y Schultz.

Bruno Latour, falleció en octubre de 2022 en París, ciudad donde desarrolló la mayor parte de su obra de investigación y docencia.

La “clase ecológica”

Delimitar qué entienden los autores por “clase ecológica” va a ser uno de los puntos de partida del manifiesto. Si bien jugarán con la frase de “un fantasma recorre al mundo…”, y la propia editorial enmarca el documento en la tradición del Manifiesto Comunista, de partida hay que decir que, más allá del uso de cierta terminología, aquí la ruptura es total, dado que Latour partirá por plantear que el mapeo de intereses en pugna dentro del sistema capitalista que brindó el marxismo ha quedado obsoleto, resultando que hoy en día: “es difícil trazar frentes claros entre amigos y enemigos. Nosotros mismos estamos divididos en torno a numerosos temas, somos víctimas y cómplices simultáneamente” (p.18). Así como también reinterpretarán la idea de historia como “historia de la lucha de clases”, por “las luchas de las sociedades por oponer resistencia al sesgo economicista de todos los lazos” (p.23), y desde esa perspectiva pensarán a la clase ecológica como una superación de los movimientos de lucha previos.

Por esa vía, plantearan la necesidad de dejar atrás marcos interpretativos que pongan el eje en la producción, y que por tanto definan las clases sociales en torno a su rol en ella, por nuevas visiones preocupadas en cambio por la “habitabilidad” (p.28). Para Latour, su enfoque resulta “materialista al cuadrado”, al sugerir una lectura que vaya más allá del materialismo marxista al aprehender también la realidad de las condiciones fácticas de habitabilidad del mundo; de ahí que sugerirán dejar atrás la preocupación por el “desarrollo” (développement en francés) para posarse en cambio en la pregunta por el “envolvimiento” (enveloppement) que considera no solo las factores de la economía clásica, sino también las acciones de “engendramiento” que hacen plausible la habitabilidad (p.36).

En pos de sostener la atención sobre el “Manifiesto Ecológico”, no nos explayaremos aquí sobre que la lectura e igualación del marxismo con el liberalismo que realizan los autores, se muestra impermeable a las recuperaciones del pensamiento ecológico del propio Marx que han desarrollado en extenso en las últimas décadas autores como John Bellamy Foster y Kohei Saito (1). Pero sí decir, cuando menos, que la propia teoría de la “fractura metabólica” desarrollada por Marx da cuenta de que la preocupación por la “habitabilidad” se encontraba presente en su pensamiento (2). Pero no es este olvido lo más preocupante aquí, sino que el paso siguiente de la definición de la “clase ecológica”¸ es un giro de 180° en dirección opuesta al postulado materialismo.

Uno de los textos que recuperar el pensamiento ecologista en Marx

En efecto, al buscar la mayor precisión posible respecto de ¿qué es lo que delimita a una clase ecológica? Los autores señalarán: “la brecha que abre y contrapone a la clase ecológica con las demás es su voluntad de acotar el lugar de las relaciones de producción, mientras que las otras quieren extenderlo” (p36, subrayado nuestro). Anulada la posibilidad de definirse como clase en relación de algún aspecto material, concreto de la realidad, la clase ecológica se delimitaría por una voluntad de hacer pesar la preocupación por la habitabilidad de su territorio (de ahí la idea que esbozan de “clases geosociales”) en desmedro de la preocupación por la producción que compartirían las clases clásicas (burgueses y trabajadores por igual). De ahí que se resignifique esa dificultad para delimitar “amigos y enemigos” señalada anteriormente, y ratificada luego de un largo periplo hacia el final del manifiesto cuando los autores remarquen que:

“Personas completamente opuestas en cuanto a su pertenencia de clase se acercan desde el punto de vista de sus “enemigos de clase” cuando irrumpen las cuestiones ecológicas; y a la inversa, aquellas que están más cerca de convierten en enemigos encarnizados. (…) Transformar por completo la cartografía de aliados y adversarios requiere muy poco tiempo, a condición de encontrar un procedimiento idóneo. Y al final la invención de esos procedimientos decidirá el buen éxito o el fracaso de la redistribución en curso en favor de la clase ecológica y de su papel de clase-pivote.” (p.102)

Si en algunos movimientos de la nueva ola socioambiental global, como Rebelión o Extinción, vemos la pretensión de ubicarse “más allá de la política”, evitando definiciones concretas respecto de los gobiernos de turno y sus oposiciones por izquierda particularmente, con el argumento de que no hay que espantar a quienes están ubicados en espectros más de derecha o conservadores; aquí vemos un ubicarse “más allá de la clases sociales”, con la hipótesis de bregar por una alianza policlasista con sectores capitalistas compungidos por la crisis ambiental-cllimática. Y no solo eso, sino también posar una máscara amenazante a sectores propios de las clases explotadas por su potencial rol de “enemigos encarnizados”.

Para bajar esto a tierra, deberíamos pensar en lo que nos dice un marco “programático” de estas características para intervenir en la realidad en concreto. Por caso, los Chalecos Amarillos franceses que se alzaron contra un tarifazo del combustible que fue presentado por parte del gobierno ultracapitalista de Macrón en términos de “habitabilidad” (reducir emisiones de gases de efecto invernadero, etc.), ¿eran enemigos o aliados de la clase ecológica? ¿Y Macrón? Les estudiantes chilenos que saltearon los molinetes ante un aumento del coste del metro que había sido justificado en pos de introducir unidades menos contaminantes (“habitabilidad”), ¿enemigos o aliados? El Manifiesto de Latour, en estos términos sí se amoldaría a las estrategias de los Partidos Verdes europeos que terminan integrados a coaliciones capitalistas-imperialistas, como el caso alemán, del que son parte del gobierno que viene de reprimir y detener hasta a Greta Thunberg con tal de hacer avanzar la minería a cielo abierto en el pueblo de Lutzerath.

Revuelta de los “Chalecos Amarillos” en Francia

Pero el movimiento socioambiental a nivel mundial ha tomado en los últimos tiempos, afortunadamente, un camino opuesto al que propone Latour. El movimiento Fridays For Future ha escapado a la invitación a desligar la crisis climática de su vinculación con el sistema de producción con la consigna “People, not profits” (algo así como: “la gente/el pueblo, no las ganancias”) (3) y señalando con claridad que la crisis depende de un sistema que favorece a una minoría y se asienta en la opresión de buena parte de los países del mundo por un puñado de beneficiados imperialistas.

En sí, el manifiesto ratifica un camino sugerido por Latour ya una década atrás:

“Efectivamente, ha habido una asociación muy fuerte entre ecología y anticapitalismo, pero creo que cuestiones tan interesantes y complicadas como el decrecimiento, la moral del consumo, de un nuevo movimiento ascético, no están necesariamente ligadas a una crítica del gran capitalismo malo. (…) Nunca creí, ni por un segundo, que estuviéramos en un sistema capitalista, por la misma razón que no creo que tengamos una naturaleza. Lo mismo digo contra la propia noción, desmovilizadora, de sistema. Nunca me ha parecido muy relevante.” (4) 

En momentos en que incluso investigadores del propio IPCC (Panel Intergubernamental sobre cambio climático de la ONU) remarcan que la producción indiscriminada en pos de las ganancias empresariales son el motor de la amenaza catastrófica del cambio climático, Latour nos invita a dejar de lado visiones de “sistema”, con un discurso radical que en función de plantear que la clase ecológica debiera renombrar todos los grandes conceptos de la modernidad, en lo concreto, invisibiliza, niega, bloquea, la necesaria crítica al sistema capitalista.

Como señala el intelectual francés, Frédéric Lordon, el enfoque de Latour hace a una limitación más extendida en el campo del pensamiento ecológico-intelectual: “De Bruno Latour a Aurélien Barrau, y desde hace años, no hay una incriminación ni un señalamiento explícito del capitalismo como causa, como algo que no tenga arreglo, como algo, pues, que haya que derrocar y cuyo derrocamiento es lo único que puede salvarnos” (5).

Por su parte, y en contraposición al planteo de Latour, el italiano Maurizio Lazzarato concluía también:

“Las luchas ecológicas solo podrán imponer sus divisiones agenciándose con las divisiones de clases, herederas de una tradición centenaria de rupturas revolucionarias. Por lo tanto, la “guerra” debe seguir las líneas de fractura de los conflictos raciales, sexuales, de clase que afectan directamente a los sujetos y a sus condiciones de vida, porque la crisis climática no es otra cosa que el conjunto de todas estas formas de explotación y de dominación.” (6)

Latour y Schultz sí ubican -en el séptimo capítulo del manifiesto- la lucha ecologista como parte de una continuidad de las precedentes luchas de la clase trabajadora, el movimiento feminista, los movimientos poscoloniales, los pueblos originarios y la juventud, (y también, de planteos teológicos como los del cristianismo), pero sobre la base de plantearle a la clase ecológica la tarea de reorganizar todas esas luchas en función de su mapeo policlasista de defensa de la habitabilidad sin criticar al sistema capitalista.

Convocatoria a la Huelga Mundial por el Clima de Marzo 2022

El planteo del manifiesto de Latour es estos aspectos tan abstracto que ninguna demanda o tarea en concreto desprende de él. ¿Es correcta o incorrecta la demanda del fin del financiamiento a la exploración por combustibles fósiles? ¿Qué hacemos con las deudas externas de los países semicoloniales? ¿Cómo se evita que la transición energética no devenga en una masacre extractivista de los países semicoloniales? Al “Manifiesto ecológico político” pareciera no incumbirle nada de esto, porque nada de esto le merece opinión.  La tarea del momento estaría más planteada en el orden de la “re-clasificación” de la realidad, que en una activa toma de posición ante la depredación ambiental capitalista.

La seriedad que merece la crítica al planteo de Latour se redobla si ubicamos temporo-espacialmente su intervención, como una respuesta (reacción) intelectual de connivencia con el capitalismo que surge en un país donde el último movimiento revulsivo (hasta la aparición de las presentes huelgas contra la reforma jubilatoria de Macrón) tomó como consigna: “Fin de mes, fin del mundo, misma lógica, misma lucha” en las convocatorias a asambleas nacionales del movimiento de los Gilets Jaunes (7). Si bien a la distancia, es imposible no leer el contrapunto entre estas dos posiciones opuestas por el vértice nacidas en el mismo territorio. Al margen de la deriva del movimiento de los chalecos amarillos, esa consigna abrió una puerta de diálogo cuya potencialidad reside en la impugnación del sistema capitalista. Puerta que el curso sugerido por el manifiesto plantearía cerrar.

Desde nuestras latitudes, justamente hemos visto como algunos de los recientes logros del movimiento socioambiental contra la megaminería y en defensa del agua tuvieron como condición de posibilidad la intervención activa del movimiento obrero: el Chubutazo de 2021 (estatales y portuarios en particular) y el Mendozazo de 2019 (con gran fuerza de docentes).Es un lugar común de los espacios asamblearios y de coordinación como la Coordinadora Basta de Falsas Soluciones la preocupación por la unidad con la clase trabajadora y el conjunto de los movimientos en lucha, sobre la base de reconocer un enemigo en común entre los gobiernos de turno, las multinacionales y el sistema capitalista en su conjunto. El “mapeo” de alianzas no resulta tan complejo como los autores del manifiesto sugieren a condición de pensar sobre la base de la realidad de un mundo que sigue regido por una determinada lógica de apropiación y explotación que es el capitalismo.

Chubutazo, diciembre 2021

Una apuesta estratégica electoral para combatir la “sordera”

El Manifiesto señalará un punto correcto al plantear que el movimiento socioambiental no debe darle la espalda a la pelea por el poder político (p.90). Pero inmediatamente vinculará este señalamiento a una estrategia netamente electoralista que lo llevará a reivindicar en clave gramsciana la “batalla de ideas” para poder ganar una mayoría que permita institucionalmente -pacíficamente agregaríamos nosotres- hacerse de un Estado al que critican, esencialmente por sus limitaciones territoriales, reivindicando el esquema de la Unión Europea (“si no una fuente de esperanza, al menos una experimentación sobre todos los nuevos tipos de conflictos de geopolítica en la que participa la clase ecológica”, p.91 ). Como no es un motivo de preocupación de su clase ecológica de laboratorio, no le merece mención alguna al manifiesto que el esquema de la UE se basa en una relación completamente asimétrica entre sus estados miembros; ninguna mención, le merece, por caso, el reciente estrangulamiento que sufrió Grecia por parte del Banco Europeo; o que de conjunto la UE es un andamiaje colateral de la OTAN imperialista que sojuzga pueblos a lo largo y ancho del globo.

De esta concepción de la política global surge una muy particular forma de interpretar los conflictos contemporáneos. Luego de señalar un estado de “pasiones tristes” y quejas generalizadas, Latour y Schultz subrayan que esos enojos se dirigen a

“ese agente mítico (que) es el antiguo Estado diseñado por las antiguas clases dirigentes y hoy en día reducido a un fantasma. Unos, en la parte de abajo, ya no logran articular sus protestas porque no consiguen saber exactamente dónde se encuentran y, por lo tanto, cuáles son sus enemigos; otros, en la parte de arriba, son incapaces de escuchar lo que se les pide y siguen respondiendo con los instrumentos desgastados del Estado anteriormente modernizador. Es un diálogo entre sordos y mudos.” (p.97)

Aquí la confusión que aporta el manifiesto es total. En el marco de un capitalismo en crisis, en un agravamiento de las condiciones de vida las masas a nivel global, de creciente belicosidad y militarización, así como también represión a las luchas populares, los autores del manifiesto nos invitan a pensar el rol de los Estados no como protección a ultranza de los intereses del capitalismo imperialista, sino, simplemente, como un problema de sordera, de incapacidad de interpretación. ¡Si tan solo los gobernantes escucharan lo que dice el IPCC!

Pero no, los Estados y gobiernos capitalistas interpretan muy correctamente la situación de agotamiento planetario: por eso van a la guerra por recursos; por eso buscan cómo capitalizar económicamente la transición energética; por eso se apresuran a sacar a cómo de lugar y a toda velocidad todo combustible fósil posible de abajo del suelo en los próximos años; por eso ahogan las semicolonias con deudas externas que son un ariete para forzar la entrega de bienes comunes; por eso sus más grandes multimillonarios se apropian de tierras fértiles o provistas de agua como vemos en nuestra Patagonia; y la lista es eterna, y accesible a la vista de cualquiera que no quiera evitar posar sus ojos sobre las relaciones de producción que ordenan en el mundo en que vivimos. Un manifiesto que omita esa realidad, es una convocatoria a dar la espalda a las pulseadas cruciales que van a definir el mundo al que vamos en las próximas décadas.

Otro pensamiento ecológico es posible: una respuesta a Latour desde la Argentina

Movilización de la Coordinadora Basta de Falsas Soluciones

El texto de Latour y Schultz se propone dar respuestas a limitaciones reales que tiene el movimiento socioambiental global, en particular la falta de masividad y de perspectiva de poder. Con lo que si bien, a nuestro parecer equivocado, no deja de ser un aporte a debates necesarios. Por eso, y porque uno guarda un especial afecto con el artefacto libro, es que uno no recomendaría no-leerlo. Pero el ejercicio profundamente crítico de su contenido es imperioso.

Precisemos que para nosotres, efectivamente el movimiento socioambiental representa un movimiento democrático y policlasista, en tanto aglutinante de fuerzas vivas políticas de distintas clases sociales que intervienen en su seno. El propio manifiesto de Latour y Schultz es muestra de esto. Pero eso no implica que el camino hacia la consecución de sus demandas dependa por igual de su vinculación con una u otra clase social, dado que de fondo su enemigo es y será el capitalismo en tanto éste siga en pie.

Dentro de su campo de acción los socialistas intervenimos por vincular cada una de las luchas con la perspectiva de fondo anti-capitalista y de pelea por un gobierno de la clase trabajadora y los sectores populares que tome entre sus tareas inmediatas la mitigación, adaptación y combate a la crisis climática y ambiental como única vía realista de bregar por la habitabilidad de nuestros territorios y el planeta entero. De eso se desprenden una serie de consignas y demandas que es falso que puedan constituir a la clase trabajadora como enemiga de la lucha ecologista. Esa concepción, justamente, es la que tienen los que proponen a países como el nuestro, vías de “desarrollo” extractivistas acusando a quienes nos oponemos de no querer que se generen puestos de trabajo ni se desarrolle económicamente el país. El manifiesto de Latour compra por entero ese imaginario, pero la realidad es bien distinta.

Pensemos en la Argentina. La última dictadura impuso un régimen de valorización financiera, con marcos de endeudamiento monstruosos que los gobiernos posteriores combinaron con un potenciamiento de la primarización de la producción en general, y del desarrollo de enclaves extractivistas en particular. La sojización del país entero (gestión Menem); la instalación de la megaminería en todo el país (gestión Néstor Kirchner); la instalación del fracking (gestión Cristina Fernández de Kirchner); el avance de la entrega del Mar Argentino a las off shore (gestiones Mauricio Macri-Alberto Fernández); de conjunto han decantado en márgenes de desigualdad extremos, de consolidación de valores históricos de desocupación, pobreza e indigencia; donde el sacrificio de ninguna hectárea del territorio devino en una disminución en siquiera un dólar del endeudamiento externo.  

La expresión “fin de mes, fin del mundo, la misma lógica, la misma lucha”, tiene en nuestro país la corporización de que las tareas de la clase trabajadora, los sectores populares y el movimiento socioambiental son esencialmente las mismas, y podríamos hacer una lista incompleta con: terminar con el sometimiento al FMI y cesar el pago de la deuda externa; nacionalizar bajo control de sus trabajadores y comunidades el conjunto de los bienes comunes; recuperar el control de la banca y el comercio exterior; crear un plan masivo de empleo en base a obras públicas, como ser, para generar un plan de viviendas sustentables para los millones que no tienen un techo; expulsar a los capitales extranjeros que se apropiaron de buena parte del territorio argentino; realizar una reforma agraria que termine con el poder concentrado de la oligarquía terrateniente y permita desarrollar una repoblación de los territorios que combata el hacinamiento urbano; prohibir las técnicas productivas que destruyen los cuerpos y la naturaleza (fracking, megaminería, agrotóxicos).

Y, como conclusión de esta crítica diremos que nada de eso se puede hacer si el movimiento socioambiental y la clase trabajadora se miran entre sí como potenciales enemigos como nos sugieren tanto Latour como los impulsores del extractivismo capitalista.

Movilización contra el pacto con el FMI de la que fue parte la Coordinadora Basta de Falsas Soluciones

(1) Sí aprovecharemos para invitar al Taller “Marxismo y Colapso. Debates presentes para pensar el futuro” que realizaremos desde Ambiente en Lucha junto al filósofo, docente universitario e investigador del CONICET, Facundo Nahuel Martín, el próximo sábado 11/3 a las 16hs en Virrey Liniers 451. Más info en las redes sociales de @ambienteenlucha

(2) Para un desarrollo sobre los antecedentes del pensamiento ambiental en el marxismo revolucionario ver el documento “La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla” de la Unidad Internacional de las y los Trabajadores – Cuarta Internacional
https://drive.google.com/file/d/1nzowbJafvwTPLo3r284sswzMho3LTdUZ/view

(3) Ver traducción de la convocatoria de la primera huelga mundial de 2022 (a escasos meses de la publicación del Manifiesto de Latour): https://www.instagram.com/p/CaV1GweAbsz/?igshid=YmMyMTA2M2Y=

(4) Citado por Daniel Tanuro en: https://vientosur.info/por-que-bruno-latour-se-equivoca-y-por-que-hay-que-tomarlo-en-serio/

(5) Lordon, F., (2022). El capitalismo o el planeta. Cómo construir una hegemonía anticapitalista para el siglo XXI, Madrid, Errata naturae, p.34.

(6) Lazzarato, M. (2022) ¿Te acuerdas de la revolución? Minorías y clases, Buenos Aires, Eterna cadencia, p.254.

(7) El citado Frédéric Lordon realiza una crítica a esta consigna que nos excede abordar en este artículo, pero próximamente estudiaremos.

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