domingo, junio 16, 2024

GENERALES, INTERNACIONALES

¿Qué implica el acuerdo firmado en la COP28?

Escribe: CM en colaboración para Ambiente en Lucha

Terminó la COP28 el pasado 13 de diciembre. Se trata de la reunión oficial de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), celebrada en Dubai, Emiratos Árabes Unidos. Con la participación de casi 200 delegaciones de diferentes países miembro de la ONU, se definió en un documento la reducción de la producción y el uso combustibles fósiles como generadores de energía. El acuerdo plantea “hacer una transición para alejarse de los combustibles fósiles en los sistemas energéticos de una manera justa, ordenada y equitativa para lograr cero emisiones netas para 2050, de acuerdo con la ciencia” con el fin de frenar el cambio climático.

Esta cumbre generó tanto expectativas como polémicas desde su inicio e, incluso, tuvo que prolongarse un día más para lograr consenso en torno al acuerdo final. Esto se debe a que las actuales formas de producción de energía y el financiamiento a países en vías de desarrollo giran en torno a grandes negociados empresarios. Resulta un desafío poder mantener la meta de aumento de la temperatura global durante este siglo a 1,5ºC. Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), desde la Revolución Industrial, la temperatura promedio del planeta ha aumentado aproximadamente 1,1ºC.

Uno de los primeros organismos en demostrar preocupación al respecto fue Amnistía Internacional, que en un comunicado expresó que “el sector de los combustibles fósiles, que proporciona una enorme riqueza a relativamente pocas personas, intente obstaculizar un progreso significativo en la COP28. El presidente de la cumbre, Sultan al Jaber, también dirige ADNOC, la empresa petrolera estatal de EAU, lo que aumenta la preocupación de que la COP28 haya sido tomada por los intereses de los combustibles fósiles antes de empezar siquiera. Al Jaber debe renunciar a su función en ADNOC, que constituye un conflicto de intereses descarado y menoscaba la credibilidad de la cumbre”.

La transición a energías renovables podría costar a cada país una inversión de 300 mil millones de dólares para el 2030 y 500 mil millones más para 2050, según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Esta semejante inversión implica el endeudamiento con los principales acreedores internacionales: “Más del 60% de la financiación implicará préstamos en lugar de subvenciones”. Aquí es donde la efectividad en la implementación de las medidas votadas en la Convención entra en un círculo que se retroalimenta sólo con hambre y ajuste para los países más vulnerables del mundo. Actualmente se considera que hay 52 naciones en vías de desarrollo que promedian un índice del 40% de pobreza cada una.

Mientras el endeudarse con organismos como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial implica recetas liberales de ajuste, además de tasas de interés altísimas y vencimientos inalcanzables; el cambio climático también implicó la muerte de 1,2 millones de personas en 2020 a causa de la presencia de grandes cantidades de dióxido de carbono en el oxígeno, además del desplazamiento de cerca de 21.5 millones de personas por eventos climáticos.

La polémica sobre el final de la cumbre giró en torno al primer borrador del acuerdo, que hablaba de “reducir” progresivamente el uso del petróleo, el gas y el carbón y no de “eliminarlo” progresivamente. Los países que también son miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) propusieron cumplir con la meta de 1,5°C sin necesidad de abandonar la industria hidrocarburífera, cuestión que la Unión Europea catalogó como “totalmente inaceptable”. Aún así, y con un documento final aceptado en la CMNUCC, las desigualdades que generará este camino hacia un mundo más “amigable” ecológicamente parecen inevitables.

Los combustibles fósiles han sido durante mucho tiempo la columna vertebral de la economía global. Sin embargo, el uso del carbón, el petróleo y el gas natural liberan grandes cantidades de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera. Estas emisiones son el principal impulsor del cambio climático, contribuyendo al calentamiento global, eventos climáticos extremos y la elevación del nivel del mar. La extracción y quema de combustibles fósiles contribuyen al agotamiento de recursos naturales no renovables. La sobreexplotación de estos recursos no solo acelera la degradación ambiental, sino que también genera conflictos geopolíticos y tensiones relacionadas con el acceso a las reservas de energía.

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