INTERNACIONALES

Calor extremo en Europa: un desastre anunciado

Por Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI.

El calor extremo, la sequía y los incendios forestales están afectando a amplias zonas de Europa Occidental. Esto muestra una vez más las catastróficas consecuencias del cambio climático y calentamiento global. El sistema capitalista, basado en la ganancia de una pequeña minoría de la humanidad, está agravando este desastre año a año.

El Reino Unido declaró por primera vez en su historia alerta roja por calor, habiendo superado la marca de 40 grados por primera vez desde que hay registro (la más alta anterior fue de 38,7 grados en 2019). También en Francia se han registrado las temperaturas más altas de la historia, llegando en Nantes a 42 grados (la máxima anterior fue de 40,3 grados en 1949). España y Portugal tuvieron temperaturas que alcanzaron 45 grados en algunas localidades. En el sur de Alemania se superaron los 39 grados y en Italia los 42 grados.

El calor, la sequía y el viento propagaron los incendios forestales en varios países quemando centenares de miles de hectáreas. Y tiene efectos graves sobre la salud de muchas personas con enfermedades de base o por su edad. Hay informaciones de miles de fallecidos atribuidos a la ola de calor extremo.

Calentamiento global

Lo que ocurre en Europa en estos días es el avance de un desastre anunciado durante décadas. El llamado “calentamiento global” afecta a todo el mundo y es un proceso creciente año a año.

Y las consecuencias no son sólo que los humanos sintamos un poco más de calor en verano. Como hoy sucede en Europa, y en años anteriores en Latinoamérica, Africa y Australia, los incendios de bosques y las sequías extremas que tienden a eliminar vegetación incluyendo los cultivos, son otra de las consecuencias. También en otros momentos del año inundaciones. Pero además, entre otras consecuencias graves, nuevas enfermedades que se transmiten desde animales al hombre como el Covid 19.

Desde hace décadas se conoce que el calentamiento global es producido básicamente por el crecimiento del consumo de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo o el gas, que emiten CO2 (dióxido de carbono). Estos gases en la atmósfera provocan la intensificación del llamado “efecto invernadero”, la retención del calor solar.

El CO2 también se produce en forma natural, con la respiración de personas y animales, pero en cantidades mucho menores, y que en absoluto afectaban al medio ambiente ya que eran absorbidas por la vegetación, siendo un nutriente para las plantas.

Pero el desarrollo industrial con energía de combustibles fósiles, en manos del sistema capitalista-imperialista, irracional y al servicio de la ganancia patronal, rompió ese equilibrio natural. Multiplicó la emisión de CO2, hasta ahora, mucho después de que se comprobó científicamente las graves consecuencias, y por otra parte destruyó millones de hectáreas de bosques.

Las Cumbres Climáticas

Desde hace décadas los científicos, incluso con informes financiados por la ONU, alertan de lo catastrófico que puede ser este calentamiento global y que hay que bajar las emisiones de CO2.

Y desde 1995 se sucedieron 26 cumbres internacionales de Estados e instituciones internacionales, con acuerdos para limitar la emisión de gases de efecto invernadero y de ir hacia una “transición energética”, que consiste en usar menos combustibles fósiles y reemplazarlos con otras formas energéticas, como energía solar, más energía eólica (de los vientos) e hídrica.

También hay debates políticos y científicos sobre el uso de energía nuclear (que no emite CO2), aunque el irresponsable manejo capitalista de esta ha causado terribles desastres. Y por eso hay en muchos países resistencia popular a las plantas nucleares.

Sin embargo, pese a todos los estudios científicos y acuerdos en cumbres climáticas, las emisiones de CO2, producto de la actividad industrial con los combustibles fósiles, aumentaron un 30% en los últimos 20 años. El desarrollo de energías alternativas (eólica, solar, hídrica) fue importante en algunos países, pero en general fue absolutamente insuficiente. Más del 80% de la energía que se consume en el mundo sigue siendo de carbón, petróleo o gas. En último año, con la recuperación parcial después de la pandemia, aumentó incluso el uso de carbón, que es el más contaminante.

Y si no se produce ninguna disminución en el uso de combustibles fósiles y por el contrario aumentan, es porque las multinacionales que manejan la economía mundial prefieren usarlos por su menor costo, y de esa forma preservar sus ganancias. El país que más usa combustibles fósiles, con mucha proporción de carbón, es China y es justamente donde 70.000 empresas multinacionales de todo el mundo tienen sus grandes fábricas. Es decir, esto les sirve para que tengan energía más barata, además de obreros con salarios míseros, y así preservar las ganancias de las multinacionales europeas, japonesas y yanquis que tienen sus plantas productivas en China y también en otros países asiáticos por la misma razón de mano de obra barata y energía barata.

También por interés de sus ganancias, la agroindustria capitalista está destruyendo sistemáticamente bosques y entre ellos el más importante del mundo: la Amazonía.

El 50% de la población mundial es responsable de sólo el 7% de las emisiones de dióxido de carbono. Y el 10% más rico, concentrado en los países imperialistas (Estados Unidos, Unión Europea y China), es responsable del 50%.

Además hay enorme consumo energético en gastos en armas, que llegan a escala mundial a 2 billones (millones de millones) de dólares y sólo Estados Unidos gasta 790 mil millones.

Hoy ya hay un desarrollo tecnológico de nuevas formas de energía que podrían disminuir drásticamente en pocos años los combustibles fósiles. Pero, estos cambios energéticos son costosos. Y las multinacionales que se benefician de la depredación ambiental mostraron que no están dispuestas a hacerlos porque no quieren disminuir sus ganancias. Algunas hacen nuevos negocios con nuevas energías, el llamado capitalismo “verde” con subsidios estatales, pero manteniendo la mayoría de grandes capitales sus inversiones petroleras e incluso el carbón que es lo más contaminante.

La lucha contra la destrucción ambiental capitalista

Está muy claro que no habrá cambios que impiden la catástrofe creciente si no son impuestos por la lucha ambiental en todos los países.

La UIT-CI apoya e impulsa todas las luchas populares y de la juventud, en defensa de los recursos naturales y que enfrenten el saqueo y la depredación de la naturaleza. Levantamos las consignas como no a la contaminación del agua, el aire, las tierras y el mar; no a la destrucción de las selvas y bosques. No a la destrucción de la naturaleza por las multinacionales y su política de saqueo imperialista. Y llamamos a la unidad de acción de sindicatos y centrales de trabajadores, así como organizaciones de izquierda, de mujeres, de derechos humanos y populares, campesinos, indígenas, con los jóvenes estudiantes y movimientos ambientalistas. Tratamos de llevar la movilización contra las multinacionales petroleras, mineras, Bayer-Monsanto en la agricultura, y los gobiernos que les responden, beneficiarias directas de la depredación ambiental.

Estas luchas son importantísimas y ya han logrado detener proyectos capitalistas de destruir bosques, envenenar ríos con mineras y otros proyectos de saqueo y depredación ambiental en muchos países. Y en Europa hay un movimiento juvenil de masas que exige terminar con los combustibles fósiles.

Pero los cambios de fondo, que detengan el cambio climático global, sólo  se lograrán con una lucha internacional que imponga gobiernos del pueblo trabajador que termine con el capitalismo, e inicien un cambio socialista que expropie a las multinacionales y haga una planificación económica internacional para el cambio energético.

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