GENERALES, INTERNACIONALES

La producción agrícola se pierde por los fenómenos climáticos

Escribe: Belén B., estudiante de Derecho

Durante el mes de mayo de 2022, Pablo Resco Sánchez, responsable de riesgos agrarios de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), una de las instituciones agrarias más representativas de España, presentó su investigación titulada “Empieza la cuenta atrás. Impactos del cambio climático en la agricultura Española”. Este estudio cuenta con datos y proyecciones sobre las graves e innegables consecuencias de fenómenos extremos sobre la producción de alimentos.

Frente a los datos obtenidos concluye la investigación que la transformación de los ecosistemas de la península ibérica se acelera dejando pérdidas millonarias para el sector agrario y poniendo en jaque la economía, la salud, la gestión de los territorios y la cultura del país.

El dato más gráfico del impacto climático en el sistema agrícola es que los efectos de los fenómenos extremos suponen una pérdida del 6% del total de la producción anual. Sin embargo, Resco explica que este 6% puede ser aún más elevado. Los datos recogidos en su investigación son solo de los territorios asegurados, por lo que las pérdidas de los campos que no tienen cobertura no están contemplados en ese porcentaje. “Lo cierto es que esta cifra va a seguir aumentando. Va a haber más producciones en riego, lo que se va a traducir en menos rentabilidad y menos alimentos”, sostiene.

Además, pone de manifiesto Resco: “Todos estos datos que volcamos sobre la mesa -explica Resco- son claves para poder comprender las causas y consecuencias del cambio climático y, a la vez, para diseñar e implementar medidas que nos ayuden a prevenir impactos en la cantidad y calidad de la producción agrícola. Todos estos datos que volcamos sobre la mesa -explica Resco- son claves para poder comprender las causas y consecuencias del cambio climático y, a la vez, para diseñar e implementar medidas que nos ayuden a prevenir impactos en la cantidad y calidad de la producción agrícola”.

Finalmente concluye: “La situación es grave y no hay margen para discursos negacionistas. El sector agrario -y la población en general- debe exigir acciones urgentes a sus representantes políticas. En juego está nuestra subsistencia, nuestra economía, nuestra dieta y nuestra cultura”.

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