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Monsanto y el glifosato: una breve historia

Escribe: Bonnie para la redacción de Ambiente en Lucha

El sábado, 21 de mayo, marcharemos contra las empresas multinacionales de agroquímicos Bayer (Monsanto) y Syngenta, contra el modelo agrotóxico que envenena pueblos y degrada la tierra, y a favor de un nuevo sistema que promueva la agroecología y la soberanía alimentaria. En el marco de la movilización, hacemos este breve recorrido para entender la trayectoria de la empresa con más mala fama en el mundo de la agricultura industrial: Monsanto.

Monsanto se fundó en el estado norteamericano de Missouri en 1901. Los primeros productos que fabricó la empresa de químicos fueron aditivos alimentarios, como el edulcorante artificial sacarina. Se expandió a Europa a finales de la década de 1910 y en la década de 1920 comenzó a fabricar productos químicos industriales básicos.

Luego, durante la segunda guerra mundial, Monsanto colaboró con el Proyecto Dayton en el desarrollo de métodos para purificar plutonio, un paso necesario en la producción de armas nucleares. Se metió de nuevo en el negocio de la guerra durante el conflicto bélico en Vietnam; fue uno de los productores del Agente Naranja, un cóctel de herbicidas que hizo estragos en la salud de la población expuesta.

Monsanto también fabricaba dicloro difenil tricloroetano (DDT) y bifenilos policlorados (PCBs), compuestos que fueron prohibidos en EEUU en los años 70 debido a su toxicidad y persistencia en el medio ambiente.

En 1970, la empresa patentó el glifosato como herbicida, y en 1974 lo lanzó al mercado bajo el nombre Roundup. A pesar de la publicidad que promovía la seguridad del producto, los científicos independientes tenían sus dudas. Pero Monsanto demostró destreza para silenciar y desacreditar a cualquier persona u organización que intentara investigar los efectos del glifosato en la salud.

En 1983, los científicos de Monsanto estuvieron entre los primeros en modificar genéticamente una célula vegetal. En 1996, lanzaron un producto que cambiaría la agricultura: una semilla de soja con tecnología roundup ready, que se convierte en una planta que puede resistir el glifosato. El mismo año, su uso fue aprobado en la Argentina.

La introducción de la soja genéticamente modificada trajo un aumento dramático en la aplicación del glifosato. El biólogo molecular y expresidente del CONICET Andrés Carrasco dio la voz de alarma sobre el herbicida en 2009 cuando publicó su investigación sobre el efecto nocivo del agroquímico en anfibios y su vinculación con la salud humana. Su trabajo desató controversia e incluso recibió amenazas anónimas.

En 2012, Monsanto comenzó a construir en la localidad de Malvinas Argentinas, Córdoba, lo que sería una de las plantas de acondicionamiento de semillas transgénicas más grandes del mundo. Un colectivo de vecinxs, organizadxs desde la “Asamblea Malvinas Lucha por la Vida”, impidió la entrada al predio con un bloqueo que duró tres años, y finalmente logró frenar a la empresa.

En 2015, un año antes de que Bayer iniciara los procedimientos para comprar Monsanto, el glifosato fue declarado un “probable carcinógeno” por la agencia especializada en cáncer de la Organización Mundial de la Salud.

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